sábado, 1 de noviembre de 2025

Satira

 

🏰 Capítulo I: El Reino de los Bordillos Inclinados

Calle La Cuesta, antaño vía de paso noble, hoy se ha convertido en un campo de batalla donde los bordillos se alzan como murallas medievales. Los coches, humildes corceles de metal, deben sortear obstáculos dignos de una película de Indiana Jones: pivotes que brotan como setas, aceras que se expanden como imperios coloniales, y una pendiente que desafía las leyes de la física y la paciencia.

Los vecinos, armados con sus llaves y una fe ciega en la providencia, se lanzan cada noche a la búsqueda de la plaza perdida. Algunos regresan con el coche intacto. Otros, con el alma rota y el retrovisor colgando como medalla de guerra.

🧙‍♂️ Capítulo II: El Concejal de las Sombras

Se rumorea que existe un ser mitológico llamado “el concejal de movilidad”, cuya presencia se manifiesta únicamente en boletines municipales y fotos pixeladas en el Diario Montañés. Este ente, que jamás ha pisado Calle La Cuesta sin escolta ni dron, ha decretado que “la movilidad sostenible” consiste en eliminar plazas de aparcamiento y sustituirlas por maceteros con geranios.

Su última obra maestra: pintar una zona de carga y descarga justo frente al único hueco donde cabía un coche sin necesidad de plegarlo como origami. El vecindario sospecha que este concejal no se desplaza en coche, sino en unicornio eléctrico.

🧠 Capítulo III: El Plan Maestro (o Cómo No Planificar)

El Ayuntamiento, en su infinita sabiduría, ha lanzado el “Plan de Reordenación de Espacios Urbanos con Perspectiva de Género, Biodiversidad y Feng Shui”. El plan incluye:

  • Eliminar 12 plazas de aparcamiento para instalar una fuente que no funciona.
  • Pintar un carril bici que termina en una pared.
  • Instalar bancos enfrentados al tráfico, para que los ancianos puedan contemplar el caos como si fuera una ópera.

Cuando los vecinos preguntan por qué no se ha consultado a nadie, el consistorio responde con un PDF de 87 páginas en Comic Sans, titulado “Participación Ciudadana: Un Viaje Interior”.

🧟‍♀️ Capítulo IV: El Vecino Zombi

A las 3:00 a.m., cuando la luna ilumina los adoquines y los gatos conspiran en las esquinas, aparece el vecino zombi. Este ser nocturno recorre la calle en busca de una plaza libre, con la mirada perdida y el motor al ralentí. Se alimenta de falsas esperanzas y de los rumores de que “alguien se va a ir en cinco minutos”.

Su coche da vueltas como satélite desorientado, orbitando la manzana hasta que, por pura entropía, alguien se rinde y aparca encima de una tapa de alcantarilla.

🧾 Capítulo V: La Multa como Estilo de Vida

En Calle La Cuesta, la multa no es castigo: es tributo. Aparcar en línea amarilla, sobre una raíz de árbol o en modo vertical es parte del folclore local. El papelito rosa en el parabrisas es como el ticket de entrada a un parque temático de la desesperación.

Los vecinos han desarrollado una app llamada “Multómetro”, que predice con precisión cuándo y dónde caerá la próxima sanción, basada en algoritmos, fases lunares y el humor del agente de turno.

🛠️ Epílogo: Propuestas que Nadie Pedirá

Como servicio público, este blog propone soluciones que jamás serán escuchadas:

  • Convertir Calle La Cuesta en zona de aparcamiento vertical, con grúas comunitarias.
  • Instalar sensores que detecten sarcasmo en las quejas vecinales y las conviertan en propuestas legislativas.
  • Crear un reality show llamado “Aparca o Muere”, donde los concursantes compiten por una plaza libre y el perdedor debe irse a vivir a Torrelavega.

Conclusión:

Calle La Cuesta no es una calle. Es un estado mental. Un campo de entrenamiento para la resiliencia urbana. Un poema de frustración escrito en asfalto y pintura amarilla. Pero sobre todo, es el símbolo de una comunidad que, pese a todo, sigue luchando por aparcar sin perder la dignidad ni el retrovisor.

Y tú, lector, si alguna vez aparcas aquí sin rasguños ni multas… eres leyenda.


Satira

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