lunes, 2 de febrero de 2026

Crónica de un aparcamiento anunciado

 “Aparcamentum: tragedia en tres actos y un bordillo”

(Sátira teatral, despiadada y exagerada sobre el incivismo cotidiano)

ACTO I: El Reino del Asfalto Perdido

Narrador
En esta noble comunidad —que algunos llaman urbanización y otros campo de batalla— se libra cada día una guerra silenciosa. No por el honor, no por la patria, no por el amor.
Por un hueco de aparcamiento.

Los vecinos, esos héroes de andar por casa, se transforman al volante en criaturas mitológicas:

  • El Centauro del Claxon,
  • La Gorgona de la Doble Fila,
  • El Minotauro del “solo tardo un minuto”,
  • Y el temido Dragón del Garaje Vacío, que guarda su plaza como si fuera un tesoro, pero aparca en la calle “por si llueve”.

Narrador (con desprecio elegante)
Porque, claro, bajar al garaje es una odisea.
La rampa es el Everest.
La puerta automática, un monstruo impredecible.
Y la lluvia… ¡ay, la lluvia!
Ese fenómeno meteorológico que convierte a adultos funcionales en criaturas temblorosas que prefieren dejar su coche en la calle antes que mojarse tres gotas.

ACTO II: El Arte de Rayar y Huir

Narrador
Pero si el aparcamiento es guerra, el civismo es la primera baja.
En esta comunidad, algunos vecinos practican un arte ancestral:
el rayado furtivo.

Aparecen coches con líneas que ni Picasso en su época cubista.
Golpes que parecen mensajes en braille.
Paragolpes hundidos que cuentan historias de cobardía mecánica.

Personaje: El Artista del Arañazo
(Entra en escena con una llave en la mano, mirando a ambos lados)
—No es vandalismo, es expresión personal.
—No es un golpe, es una firma.
—No es que no deje nota… es que soy tímido.

Narrador
Y así, entre golpes fantasma y rayas misteriosas, los vecinos aprenden una lección valiosa:
la chapa es mortal, pero la desvergüenza es eterna.

ACTO III: El Éxodo al Supermercado Día

Narrador
Cuando ya no queda hueco ni para una bicicleta plegable, comienza la peregrinación hacia el supermercado Día.
Ese templo del ahorro que, sin quererlo, se ha convertido en el parking oficial de los desesperados.

Los vecinos llegan en procesión, aparcan, suspiran y se van.
¿A comprar?
No.
¿A consumir?
Tampoco.
¿A molestar a los clientes reales?
Por supuesto.

Cliente del Día
(Entrando con bolsas, sudando)
—He tenido que aparcar en Cuenca para comprar una barra de pan.

Narrador
Pero el supermercado, en su infinita sabiduría, permanece impasible.
Quizá porque saben que luchar contra la falta de civismo es como intentar enseñar modales a un ladrillo.

EPÍLOGO: El País del “Quítate tú pa’ ponerme yo”

Narrador
Y así, queridos espectadores, termina esta tragedia cotidiana.
Una obra donde nadie muere, pero todos matan algo:
la paciencia, la convivencia, el respeto.

Porque lo que ocurre en esta comunidad no es una excepción.
Es un espejo.
Un reflejo cruel de una sociedad donde el lema nacional parece ser:
“Primero yo, luego yo, después yo… y si sobra sitio, aparco otro coche.”

Si Larra viera esto, escribiría un artículo tan afilado que habría que leerlo con guantes.
Y aun así, se quedaría corto.

Narrador (bajando el telón)
Aplaudan, si quieren.
No por la obra.
Por el milagro de haber encontrado aparcamiento para venir a verla.

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