domingo, 1 de marzo de 2026

Arenas de Iguña: Un viaje entre la nobleza y la mitología cántabra

A veces no es necesario cruzar el océano ni viajar en el tiempo para sentirse en otra época o en otro país. En el corazón de Cantabria, el valle de Iguña guarda secretos arquitectónicos que parecen sacados de una novela victoriana o de la mismísima Grecia clásica.
El Palacio de los Hornillos: El escenario de "Los Otros"
Una de las joyas de este recorrido es el Palacio de los Hornillos. Al observar su arquitectura de estilo pintoresquista inglés, es fácil entender por qué el director Alejandro Amenábar lo eligió para rodar su aclamada película Los Otros.
Historia: Construido para el Duque de Santo Mauro a finales del siglo XIX, este palacio destaca por su piedra de sillería y sus tejados de pizarra.
El entorno: Como se aprecia en las imágenes, el palacio está rodeado de un entorno bucólico, con amplios jardines y una laguna que refleja la serenidad del valle. Es el máximo exponente de la arquitectura civil de la zona.
El Partenón de Cantabria: La Iglesia de San Jorge
Sobre una pequeña loma en Las Fraguas, se alza una estructura que rompe con todo lo esperado en un entorno rural cántabro. La Iglesia de San Jorge, construida en 1890 como capilla panteón para los Duques de Santo Mauro, es una réplica casi exacta de un templo hexástilo griego.
Arquitectura: Sus imponentes columnas de orden corintio y su frontón triangular le han valido el apodo del "Partenón". Es uno de los pocos y más puros ejemplos de arquitectura neoclásica en la región.
Contraste: Lo más fascinante es el contraste visual: la rigidez del templo clásico frente a la naturaleza salvaje y verde de las montañas de Iguña que lo rodean.
La vida en el valle
Más allá de los grandes monumentos, las fotos nos muestran la realidad cotidiana de Arenas de Iguña. Los prados salpicados de ganado, las cercas de madera que delimitan el paso del tiempo y las casonas de piedra que asoman entre la vegetación. Es un lugar donde el silencio solo lo rompe el mugir de las vacas o el viento entre los árboles.
Consejos para tu publicación:
Usa las fotos en blanco y negro para la sección de San Jorge: Acentúan el aire dramático y eterno del templo.
Usa la foto a color del palacio: Resalta el contraste del verde de Cantabria con la piedra clara del edificio.
Aquí os dejamos unas bonitas fotos echas en el lugar, que dejan la esencia que se vive 


sábado, 28 de febrero de 2026

Las Marzas: una tradición viva que anuncia la llegada de la primavera

 

Las Marzas son una de las tradiciones más antiguas y queridas de Cantabria. Se celebran en la noche del 28 de febrero al 1 de marzo, cuando grupos de marceros recorren los pueblos cantando coplas que anuncian la llegada de la primavera, piden la protección de las cosechas y agradecen la hospitalidad de los vecinos. Aunque su origen es remoto, la esencia se mantiene intacta: cantar para recibir un nuevo ciclo de vida.

Origen e historia de las Marzas

Las primeras referencias documentadas a esta tradición se remontan a la Edad Media, aunque muchos historiadores coinciden en que su raíz es incluso anterior, vinculada a antiguos rituales agrarios que celebraban el final del invierno. Los mozos del pueblo salían a cantar para pedir alimentos —tocino, chorizo, huevos, vino— que luego compartían en una merienda comunitaria. Con el paso del tiempo, las Marzas se convirtieron en un símbolo de identidad cántabra, transmitido de generación en generación.

Las Marzas en Cantabria: una celebración que une a los pueblos

En la actualidad, las Marzas se celebran en numerosos municipios cántabros, donde asociaciones culturales, coros y grupos vecinales mantienen viva la tradición. Las coplas, que mezclan versos antiguos con adaptaciones modernas, hablan de la naturaleza, del trabajo en el campo, de la convivencia y, a veces, incluyen críticas humorísticas sobre la actualidad local.

Entre los elementos más característicos destacan:

  • El canto colectivo, que suele comenzar con el tradicional “A la marza, marza…”.
  • La ronda por las calles, deteniéndose en casas, plazas y comercios.
  • La presencia de marceros mayores, guardianes de la tradición, que enseñan los cantos y marcan el ritmo.
  • La participación de niños y jóvenes, que garantiza la continuidad de la costumbre.
  • La entrega de obsequios, hoy más simbólicos, pero que recuerdan el origen de la fiesta.

Los Corrales de Buelna: un ejemplo de tradición compartida

En Los Corrales de Buelna, las Marzas tienen un arraigo especial. Cada año, los marceros recorren el municipio acompañados por vecinos de todas las edades. La escena es especialmente emotiva cuando los más pequeños se unen a los veteranos, aprendiendo las letras y entonando las coplas con entusiasmo. Esta mezcla generacional convierte la celebración en un acto comunitario que refuerza la identidad local.

En las imágenes que acompañan este artículo se aprecia ese espíritu:

  • Los marceros mayores, que mantienen viva la memoria de la tradición.
  • Los niños, que cantan con ilusión y dan continuidad a un legado centenario.
  • Las rondas nocturnas, llenas de música, linternas, sonrisas y complicidad vecinal.

La participación de asociaciones culturales y grupos locales ha permitido que la fiesta no solo se conserve, sino que gane visibilidad y reconocimiento. En los últimos años, Los Corrales de Buelna ha logrado que las Marzas sean un punto de encuentro para familias, amigos y visitantes que desean vivir una tradición auténtica.

Un canto que sigue resonando

Las Marzas no son solo un ritual antiguo: son un recordatorio de la importancia de la comunidad, de la transmisión cultural y del vínculo con la naturaleza. Cada año, cuando las voces de los marceros llenan las calles, Cantabria celebra algo más que el cambio de estación: celebra su historia, su identidad y su futuro.

Aquí os dejamos unas fotitos.



Recordar que en nuestro perfil de YouTube tenéis el video:

video




lunes, 2 de febrero de 2026

Los garajes del señorito moderno

Los garajes del señorito moderno: sátira afilada sobre el derecho a fastidiar

Hay una máxima antigua que algunos han aparcado en doble fila: los derechos de uno terminan donde empiezan los de otro. En nuestro barrio esa máxima ha sido sustituida por otra, más corta y más ruin: “mi plaza, mi renta, mi derecho a fastidiar”. Y como toda buena ruina, se sostiene con orgullo y con llave de garaje.

El hidalgo de la llave y su feudo de hormigón

Imaginen al hidalgo urbano: no tiene escudo, tiene recibos. Compró garajes como quien colecciona sellos; cobra por ellos como quien cobra diezmos; aparca un coche en el garaje, otro en la calle y guarda la tercera plaza “por si viene la nieta”. Su argumento es sencillo y contundente: compré, pago, dispongo. Traducción: compré, me aprovecho, dispongo del resto como si fuera mi cortijo.

Si el dinero fuera título nobiliario, este señor sería duque. Y si la llegada temprana fuera derecho divino, él sería el primer habitante y, por tanto, el dueño de todo. Así, por la regla del “primero llego, primero compro”, podría adquirir todos los garajes del barrio y convertir la movilidad en su monopolio personal. ¿Alguien quiere garaje? Pues que pague mi peaje. ¿No te gusta? Compra uno. ¿No puedes? Pues que te aguantes. La ciudad convertida en mercado de peajes privados: elegante, rentable y profundamente indecente.

El supermercado como puerto franco del despropósito

No hay plazas suficientes, así que los coches emigran al supermercado 24 horas, que sin quererlo se transforma en puerto de desembarco de vehículos sin patria. Los carros de la compra se quedan varados entre SUV y furgonetas, las madres hacen slalom con los bebés y los ancianos practican el noble arte de esquivar retrovisores. Resultado: clientes que se van al Lupa porque allí, al menos, el parking es “privado para clientes” y la humillación viene con menos ruido.

Multas hubo; denuncias también. ¿Sirvieron? No. La costumbre se instaló como un mueble viejo que nadie quiere mover. Lo ilegal se volvió hábito, y el hábito se volvió excusa. Mientras tanto, el hidalgo sonríe: su renta entra puntual y su conciencia, si la tiene, se aparca en doble fila.

Libertad o libertinaje con matrícula

La libertad no es un cheque en blanco para invadir el espacio ajeno. Tener derecho a alquilar no te da derecho a arrebatar el derecho de los demás a moverse, comprar o pasear. Cuando el “libre mercado” se practica en la acera, la libertad de uno se come la libertad del otro. Y si el precio de una plaza es 18.000 euros —casi el salario anual de una persona—, entonces la movilidad deja de ser un servicio y pasa a ser un lujo con IVA.

Que alguien tenga dinero no le otorga un título para rediseñar la ciudad a su antojo ni para transformar la necesidad ajena en su negocio. El argumento del “porque puedo comprarlo todo” suena a confesión: puedo, luego me aprovecho; me aprovecho, luego me justifico. Es la lógica del saqueador con factura.

Ridiculizar para despertar: la sátira como espejo

Si los grandes satíricos del Siglo de Oro levantaran la vista, se inclinarían ante la escena: un coro de vecinos que aplaude su propia comodidad mientras expulsa a otros del espacio común. El que alquila plazas y aparca en la acera es un moderno señor feudal que cobra peaje por respirar la ciudad. La ironía es deliciosa: se presume de libertad mientras se practica el más burdo de los privilegios.

La sátira debe ser cuchillo y espejo. Que el que se aprovecha sienta la punzada de la vergüenza; que su sonrisa de recibo se convierta en mueca. Reírnos no es humillar por deporte; es señalar con humor afilado la mezquindad que se disfraza de derecho. Si la burla no despierta conciencia, se queda en chiste; si hiere, quizá haga pensar.

Moraleja punzante

No se trata de demonizar la propiedad privada ni de prohibir el alquiler de plazas. Se trata de poner límites. La convivencia exige renuncias pequeñas y gestos grandes: no aparcar en la acera, no convertir un supermercado en tu cochera personal, no normalizar lo injusto. Y sobre todo, poner freno al argumento del “porque puedo comprarlo todo”.

Que el que se aprovecha lea esto y sienta, aunque sea por un instante, la incomodidad que provoca. Que el que cobra por plazas y deja la calle como vertedero de su beneficio piense en la cara de la madre con el carrito, del anciano que no puede pasar, del cliente que se va a otro supermercado. No es solo una cuestión de orden público ni de multas: es una cuestión de dignidad. La dignidad no se aparca en doble fila; la dignidad no tiene matrícula.


Crónica de un aparcamiento anunciado

 “Aparcamentum: tragedia en tres actos y un bordillo”

(Sátira teatral, despiadada y exagerada sobre el incivismo cotidiano)

ACTO I: El Reino del Asfalto Perdido

Narrador
En esta noble comunidad —que algunos llaman urbanización y otros campo de batalla— se libra cada día una guerra silenciosa. No por el honor, no por la patria, no por el amor.
Por un hueco de aparcamiento.

Los vecinos, esos héroes de andar por casa, se transforman al volante en criaturas mitológicas:

  • El Centauro del Claxon,
  • La Gorgona de la Doble Fila,
  • El Minotauro del “solo tardo un minuto”,
  • Y el temido Dragón del Garaje Vacío, que guarda su plaza como si fuera un tesoro, pero aparca en la calle “por si llueve”.

Narrador (con desprecio elegante)
Porque, claro, bajar al garaje es una odisea.
La rampa es el Everest.
La puerta automática, un monstruo impredecible.
Y la lluvia… ¡ay, la lluvia!
Ese fenómeno meteorológico que convierte a adultos funcionales en criaturas temblorosas que prefieren dejar su coche en la calle antes que mojarse tres gotas.

ACTO II: El Arte de Rayar y Huir

Narrador
Pero si el aparcamiento es guerra, el civismo es la primera baja.
En esta comunidad, algunos vecinos practican un arte ancestral:
el rayado furtivo.

Aparecen coches con líneas que ni Picasso en su época cubista.
Golpes que parecen mensajes en braille.
Paragolpes hundidos que cuentan historias de cobardía mecánica.

Personaje: El Artista del Arañazo
(Entra en escena con una llave en la mano, mirando a ambos lados)
—No es vandalismo, es expresión personal.
—No es un golpe, es una firma.
—No es que no deje nota… es que soy tímido.

Narrador
Y así, entre golpes fantasma y rayas misteriosas, los vecinos aprenden una lección valiosa:
la chapa es mortal, pero la desvergüenza es eterna.

ACTO III: El Éxodo al Supermercado Día

Narrador
Cuando ya no queda hueco ni para una bicicleta plegable, comienza la peregrinación hacia el supermercado Día.
Ese templo del ahorro que, sin quererlo, se ha convertido en el parking oficial de los desesperados.

Los vecinos llegan en procesión, aparcan, suspiran y se van.
¿A comprar?
No.
¿A consumir?
Tampoco.
¿A molestar a los clientes reales?
Por supuesto.

Cliente del Día
(Entrando con bolsas, sudando)
—He tenido que aparcar en Cuenca para comprar una barra de pan.

Narrador
Pero el supermercado, en su infinita sabiduría, permanece impasible.
Quizá porque saben que luchar contra la falta de civismo es como intentar enseñar modales a un ladrillo.

EPÍLOGO: El País del “Quítate tú pa’ ponerme yo”

Narrador
Y así, queridos espectadores, termina esta tragedia cotidiana.
Una obra donde nadie muere, pero todos matan algo:
la paciencia, la convivencia, el respeto.

Porque lo que ocurre en esta comunidad no es una excepción.
Es un espejo.
Un reflejo cruel de una sociedad donde el lema nacional parece ser:
“Primero yo, luego yo, después yo… y si sobra sitio, aparco otro coche.”

Si Larra viera esto, escribiría un artículo tan afilado que habría que leerlo con guantes.
Y aun así, se quedaría corto.

Narrador (bajando el telón)
Aplaudan, si quieren.
No por la obra.
Por el milagro de haber encontrado aparcamiento para venir a verla.

País en obras: disculpen las molestias, gobierna la inercia

Autopsia de un país que aún firma actas de defunción en diferido


(Sátira en grado mayor. No apta para optimistas funcionales.)


Hay quien insiste en que España es un país. Otros, más imaginativos, la llaman democracia. Yo prefiero una definición más modesta y más precisa: es un decorado. Un decorado caro, eso sí, lleno de figurantes bien pagados y con un guion tan malo que ni sus propios autores lo leen, pero decorado al fin y al cabo. Aquí la política no se gobierna: se interpreta. Y casi siempre en clave de astracan.


El sistema político —esa maquinaria solemne que suena a hojalata— funciona con la puntualidad de un tren fantasma: siempre llega tarde, siempre hace ruido y siempre alguien sale mareado. Cada decisión es un parche, cada reforma es una excusa y cada rueda de prensa es un ejercicio de ventriloquía donde nadie mueve los labios pero todos mienten con gran convicción.



---


I. El Gobierno: el arte de no hacerse cargo de nada


El Gobierno gobierna como quien conduce mirando solo el retrovisor: con miedo, con nostalgia y echando la culpa al de atrás. Si algo sale mal, es herencia recibida. Si sale peor, es culpa del contexto internacional. Si es un desastre absoluto, entonces es culpa de la ciudadanía, que no ha entendido la brillantez del desastre.


Gobernar, hoy, consiste en tres tareas fundamentales:


Anunciar planes que no se cumplirán,


Vender como éxito lo que ayer llamaban emergencia,


Y presentar cada improvisación como si fuera una estrategia a largo plazo.



El Gobierno no gestiona problemas: los administra en cuotas de titulares. Y cuando la realidad insiste en estropear el relato, se cambia el relato, no la realidad. Para eso están los asesores: para que la verdad no estorbe a la comunicación.



---


II. La oposición: la noble ciencia de esperar sentado


La oposición, por su parte, no propone: aguarda. No construye alternativas: colecciona errores ajenos como quien guarda cupones para canjearlos en las próximas elecciones. Su programa político suele caber en una frase: “Cuando caigan estos, ya veremos”.


Critican todo con la misma energía con la que, si gobernaran, harían exactamente lo mismo, pero con otra tipografía en las notas de prensa. La oposición española no es un contrapoder: es un relevo de turno en una obra de teatro que lleva décadas en cartel con los mismos actores y distinto vestuario.


Y cuando por casualidad tienen razón, la desperdician con tanto entusiasmo que uno sospecha que la incompetencia aquí ya es una tradición constitucional no escrita.



---


III. Bruselas: el oráculo burocrático


Luego está Bruselas, esa divinidad lejana que todo lo ve, todo lo mide y todo lo convierte en formulario. Bruselas no gobierna países: los audita. No habla de ciudadanos: habla de “indicadores”. No decide: “recomienda”, que es una forma elegante de ordenar sin mancharse las manos.


Desde allí nos envían fondos con una mano y normativas con la otra, y luego nos miran con decepción profesional cuando descubrimos que usar el dinero en condiciones exige algo que aquí escasea más que el sentido común: gestión competente.


Bruselas es como ese médico que receta dieta estricta a un paciente al que previamente ha empujado a un buffet libre y luego se sorprende de que esté obeso, cansado y de mal humor.



---


IV. El campo, la industria, y la gente que estorba al relato


Y mientras tanto, fuera del plató, está la gente que trabaja. Gente incómoda. Gente que produce. Gente que no cabe en un eslogan.


Los ganaderos, agricultores, autónomos y demás sospechosos habituales de sostener el país empujan su piedra cada día, pero aquí Sísifo no tiene ni mito: tiene inspecciones, tasas, normativas contradictorias y discursos motivacionales desde despachos con calefacción central.


Ellos piden poder vivir de su trabajo.

El sistema les ofrece mesas de diálogo, comisiones de estudio y un PDF de 200 páginas.


Es decir: nada, pero bien maquetado.



---


V. Manifestarse: el deporte nacional no federado


Cuando todo falla, salimos a la calle. No porque creamos que servirá, sino porque quedarse en casa ya parece complicidad. La manifestación española es un ritual de desahogo colectivo: se grita, se camina, se vuelve a casa y al día siguiente todo sigue igual, pero con más titulares y menos paciencia.


El poder mira estas marchas como quien mira el oleaje: molesta, hace ruido, pero uno confía en que pase sin mojarle los zapatos.


La protesta aquí no es un mecanismo de cambio: es una válvula de escape para que nada cambie demasiado.



---


VI. El sistema: un monumento al parche


Nuestro sistema político no está diseñado para resolver problemas, sino para sobrevivir a ellos. No busca eficacia, busca aguantar. No aspira a funcionar bien, aspira a no caerse del todo.


Cada reforma es provisional.

Cada ley nace con fecha de caducidad implícita.

Cada promesa es una hipoteca que sabe que no pagará el mismo que la firma.


España no avanza: se las apaña. No planifica: reacciona. No corrige: disimula.


Es un país que confunde estabilidad con parálisis y consenso con resignación.



---


VII. Epílogo: instrucciones para no volverse cínico del todo


Si Larra levantara la cabeza, no escribiría: levantaría acta. Y aun así, la realidad le parecería excesiva, poco verosímil, mal construida como novela, pero impecable como sátira involuntaria.


Aquí la política ha superado a la caricatura, la gestión ha superado a la parodia y el sistema ha superado a cualquier intento honesto de tomárselo en serio sin desarrollar una ligera ironía defensiva.


Seguimos, sí.

No por esperanza, sino por costumbre.

No por convicción, sino por inercia.


Y escribimos sátiras no para reírnos del país, sino para no acabar gritándole.


Si has llegado hasta aquí, no aplaudas el texto.

Apláudete a ti: en este país, aún leer la verdad con forma de ironía es un pequeño acto de resistencia civil.



---


Si quieres, lo puedo afilar todavía más hacia un formato de columna de opinión de alto impacto, editorial incendiario o monólogo político para radio/podcast. Aquí ya estamos en nivel “que alguien se enfade… y con razón”.


                                                                                                                                        A 02/02/2026

sábado, 1 de noviembre de 2025

Satira

 

🏰 Capítulo I: El Reino de los Bordillos Inclinados

Calle La Cuesta, antaño vía de paso noble, hoy se ha convertido en un campo de batalla donde los bordillos se alzan como murallas medievales. Los coches, humildes corceles de metal, deben sortear obstáculos dignos de una película de Indiana Jones: pivotes que brotan como setas, aceras que se expanden como imperios coloniales, y una pendiente que desafía las leyes de la física y la paciencia.

Los vecinos, armados con sus llaves y una fe ciega en la providencia, se lanzan cada noche a la búsqueda de la plaza perdida. Algunos regresan con el coche intacto. Otros, con el alma rota y el retrovisor colgando como medalla de guerra.

🧙‍♂️ Capítulo II: El Concejal de las Sombras

Se rumorea que existe un ser mitológico llamado “el concejal de movilidad”, cuya presencia se manifiesta únicamente en boletines municipales y fotos pixeladas en el Diario Montañés. Este ente, que jamás ha pisado Calle La Cuesta sin escolta ni dron, ha decretado que “la movilidad sostenible” consiste en eliminar plazas de aparcamiento y sustituirlas por maceteros con geranios.

Su última obra maestra: pintar una zona de carga y descarga justo frente al único hueco donde cabía un coche sin necesidad de plegarlo como origami. El vecindario sospecha que este concejal no se desplaza en coche, sino en unicornio eléctrico.

🧠 Capítulo III: El Plan Maestro (o Cómo No Planificar)

El Ayuntamiento, en su infinita sabiduría, ha lanzado el “Plan de Reordenación de Espacios Urbanos con Perspectiva de Género, Biodiversidad y Feng Shui”. El plan incluye:

  • Eliminar 12 plazas de aparcamiento para instalar una fuente que no funciona.
  • Pintar un carril bici que termina en una pared.
  • Instalar bancos enfrentados al tráfico, para que los ancianos puedan contemplar el caos como si fuera una ópera.

Cuando los vecinos preguntan por qué no se ha consultado a nadie, el consistorio responde con un PDF de 87 páginas en Comic Sans, titulado “Participación Ciudadana: Un Viaje Interior”.

🧟‍♀️ Capítulo IV: El Vecino Zombi

A las 3:00 a.m., cuando la luna ilumina los adoquines y los gatos conspiran en las esquinas, aparece el vecino zombi. Este ser nocturno recorre la calle en busca de una plaza libre, con la mirada perdida y el motor al ralentí. Se alimenta de falsas esperanzas y de los rumores de que “alguien se va a ir en cinco minutos”.

Su coche da vueltas como satélite desorientado, orbitando la manzana hasta que, por pura entropía, alguien se rinde y aparca encima de una tapa de alcantarilla.

🧾 Capítulo V: La Multa como Estilo de Vida

En Calle La Cuesta, la multa no es castigo: es tributo. Aparcar en línea amarilla, sobre una raíz de árbol o en modo vertical es parte del folclore local. El papelito rosa en el parabrisas es como el ticket de entrada a un parque temático de la desesperación.

Los vecinos han desarrollado una app llamada “Multómetro”, que predice con precisión cuándo y dónde caerá la próxima sanción, basada en algoritmos, fases lunares y el humor del agente de turno.

🛠️ Epílogo: Propuestas que Nadie Pedirá

Como servicio público, este blog propone soluciones que jamás serán escuchadas:

  • Convertir Calle La Cuesta en zona de aparcamiento vertical, con grúas comunitarias.
  • Instalar sensores que detecten sarcasmo en las quejas vecinales y las conviertan en propuestas legislativas.
  • Crear un reality show llamado “Aparca o Muere”, donde los concursantes compiten por una plaza libre y el perdedor debe irse a vivir a Torrelavega.

Conclusión:

Calle La Cuesta no es una calle. Es un estado mental. Un campo de entrenamiento para la resiliencia urbana. Un poema de frustración escrito en asfalto y pintura amarilla. Pero sobre todo, es el símbolo de una comunidad que, pese a todo, sigue luchando por aparcar sin perder la dignidad ni el retrovisor.

Y tú, lector, si alguna vez aparcas aquí sin rasguños ni multas… eres leyenda.


lunes, 29 de septiembre de 2025

El Paciente Impaciente

 

1

Los días y las noches

- Hola me llamo Sophie, tengo 24 años y estoy en un hospital ingresada, por una infección en el corazón,ya os iré contando que tiene de importante y porqué.

Sí la verdad, suena un poco mierda y aburrido lo sé, pero no es tan aburrido como parece...Aquí las enfermeras son muy amables, té tratan genial!!!

Aunque si es verdad...que como en casa en ningún sitio,allí puedo jugar, puedo quedar con los amigos...puedo coger el coche...irme a dormir en modo camper...cantidad de cosas.

Aquí llevo desde el lunes, y hoy estamos a miércoles, yo me encuentro bastante mejor que cuando llegué la verdad...aunque después de toda la medicación diaria que llevo no es de extrañar.

Lo que mas tengo ganas ahora mismo es de echar un billar con los compañeros de clase jajaj,desde que hicimos un grupo que vamos casi todos los viernes después de clase a echar unas partidas nos lo pasamos genial. Yo suelo ganar siempre, pero es normal, ya que llevo jugando desde los 10 años y siempre jugaba contra gente mayor y mucho mejor que yo, también jugaba torneos amateur aunque nunca gané ninguno, pero si que conseguí un buen trofeo, ¿sabéis porqué?;Por ser el mas joven!!!! jajajaj,podria haberos dicho que era por quedar campeona o semifinalista...mmhh,pero nó,quiero que sepáis como soy de verdad.

Pues el viernes estuvimos los compañeros cenando después de clase, y fuimos a un club de billares muy chulo,ya os podéis hacer una idea de mi cara cuando lo vi y no había estado nunca en uno...pues esa misma.

salimos de clase a las 21:15,y nos dirigimos a aparcar en algún lado hasta ir a cenar,al final tuve que aparcar en el parking,cené una hamburguesa con los demás, y nos fuimos todos hasta el salón de billares que estaba al lado de donde cenamos.

Cuando llegamos allí me quedé flipado de ¡¡¡lo guapo que era!!!, había como 15 mesas de Billard, cinco dianas de dardos electrónica y una de madera vintage que la diana era de fieltro,¡¡super chula!!!Total que nos pusimos a jugar a la mesa de Billard, gané 3 de 4 partidas, Jesús la verdad que jugó tan bien que mi pareja y yo perdimos.

después nos animamos a jugar una partida al futbolín, pero ahí ya no controlaba tanto y nos costaba ganar, perdimos 2 y ganamos otras 2,despues ya lo dejamos porque me reclamaban en la mesa de Billard.

Cuando ya nos aburrimos de jugar al Billard, nos dio por echar una de dardos,lo que no nos imaginábamos era que iba a durar tanto la partida que se nos juntaría con la hora de cierre del local!!!,yo estaba super nervioso porque solo veía pasear al dueño del local mientras recogía las cosas y nosotros jugando.....

Llegó un momento que ya no aguantaba mas y le dije: Perdona, ¿té molestamos?¿nos vamos?,¿no hay problema e?, y el nos dijo: "No os preocupéis acabando que yo voy haciendo la caja y recogiendo el local. Y mientras nosotros acabábamos el estuvo recogiendo, justo cuando terminó él acabamos nosotros, asta el minuto cero ajaraca. A continuación le dimos las gracias y cerrando el local nos despedimos, y nos fuimos con una gratitud de lo bien que se porto el dueño del local....,fue de agradecer.

Después de habernos ido ya de la sala de billares, uno de nosotros dijo que era pronto, que si íbamos a tomar algo y con las mismas nos fuimos por los locales de la zona a tomar algo,estuvimos en tres locales, uno de ellos bar normal, otro tipo pub que era muy pequeó,yo tome una Coca-Cola y me salí de allí con otros dos a la calle,mientras Arturo se quedó hablando con uno allí dentro, asta que se calentó un poquito la conversación y nos dijo que iríamos saliendo que ahora salía el.

cuando salió, e pregunté que qué había pasado, y nos dijo que nada, que una discrepancia en cierto tema, pero nada fuera de tono. Asique con las mismas nos fuimos a un local que estaba en frente, que era un karaoke, que risas nos echamos!!!

Ya después del karaoke, nos dirigimos cada uno para nuestras casas, y en una de las calles ya nos dividimos, puesto que yo había aparcado en el parking y ellos no se si se iban a quedar en casa de alguno, o habían encontrado aparcamiento, menos Arturo, que vivía allí.

Cuando llegué a casa serían las 5 de la mañana, según llegué me quede dormido.

Al día siguiente ya hablaban de volver a quedar hoy u otro día de esta semana, pero ya les dije que yo de momento no puedo por lo que os decia,me tuvieron que ingresar en el hospital por el corazón.

yo había ido a jugar a pádel un partido el lunes, después de haber estado los días anteriores como con catarro fuerte, y no se me quitaba, y me ahogaba, y también me dolía bastante el pecho.Mis padres se asustaron y me dijeron de ir al medico ya que eso no era normal...Asique con las mismas no me dejaron pasar una noche mas en casa y me mandaron al hambulatorio,allí me dijeron que parecía un cuadro de estrés, pero que se quedaban mas tranquilos derivándolo a Sierrallana que es el hospital de referencia. Allí cuando llegué me mandaron a cuidados medios, y me tuvieron toda la noche monitorizado,me encontraba super débil!!.Mi madre no dejaba de preguntarme si estaba mejor o me veía peor...todo el rato, y yo solo la decia:Estoy bien Mamá, tranquila.

Al día siguiente, cuándo me sacaron de cuidados medios, me mandaron para planta, para asegurarse de que avanzaba bien, y nos comunicaron que había tenido una miocarditis leve, que no es muy grave pero que hay que tener observada, y mas padeciendo como os decía del corazon,puesto que a mi me operaron de corazón de recién nacido, y eso puede ser un problema para las complicaciones.

Ahora estoy a expensas de que me digan a ver si mañana me voy, la verdad que tengo ganas ya. Estoy todo el rato estudiando, o jugando o mirando cualquier cosa con el ordenador.

Menos mal que me a tocado una habitación individual, la verdad que es mucho mejor para todo,en eso algo tuvo que ver mi madre, ya que trabaja aquí, y nos dijeron que si queríamos una habitación individual que nos la daban a elegir para poder estar tranquilos. Estoy bastante contento de como a ido todo, ahora solo espero que mejore de la fatiga y se solucione pronto el resto.

De la comida, estuvo bien solo cuando me subieron a planta, ya que desde que llegué hasta subirme a planta, no me dieron nada de comida, ni dejaban que me dieran nadie nada, no se si seria por asegurarse de que no me sentara mal por la medicación...o porqué...igual como en el informe salía que uno de los síntomas con los que ingresaba era "Nausias", pues querían asegurarse de controlar mas las comidas e ingestas.

Hoy lo primero que comí, que me sabió a gloria, fue un bocadillo de jamón serrano con tomate y aceite de oliva.La verdad que como tenia el cuerpo...era un quiero y no puedo, por una parte...me apetecía y por otra el cuerpo me sentía estragado, asique mas tarde le comí cuando me encontraba mejor.

Aquí la verdad que es una planta tranquila, salvo por un momento que no se lo que pasaría que se oyó a una señora gritar: AYYYYY!!!!!!,mi madre y yo nos reímos por un momento por lo exagerado y cómico que hizo el grito, y yo le dije a mi madre: Joder,que finas son aquí las paredes, que se oye todo.

Ahora mismo, ya son casi las diez de la noche, supongo que me ponga alguna serie y me intente dormir, ya que mañana me tienen que hacer prueba y supongo que me la hagan pronto, aunque al resto de pacientes estuve viendo que hasta las 9 de la mañana casi, no pasa el medico por donde los pacientes...Asique nose,supongo que como muy tarde para las 10:00 de la mañana me hallan atendido, y como muy tarde para la tarde me den el alta...Pero eso ya se verá, todo lo que pueda decir serían conjeturas.






El hombre-bestia, o la última huida de la razón

Vuelva usted mañana... a ser humano. No es novedad en esta nuestra España, y por extensión en este siglo que se dice de luces pero que a rat...